Manel Estiarte: Un capitán con sonrisas y lágrimas

Después de leer el libro de Manel Estiarte “Todos mis hermanos” ha habido un antes y un después en mi conciencia.

Manel ha puesto aquí su alma.

En su libro no sólo se leen palabras sino sensaciones intensas. Algunas veces motivadoras, algunas veces desgarradoras. Un lenguaje en forma de energía que abre el corazón y lo libera limpiando a su paso hasta permitir que las lágrimas eliminen el dolor, mientras el fuego de la furia y la motivación, enciende la llama para que siga bombeando.

Manel nos ofrece sus tres aprendizajes y los clasifica en tres facetas: Física, Mental y Espiritual. Hace del deporte un referente holístico aplicable a la vida personal y profesional.

Este deportista de elite hace alarde de humildad al reconocer sus errores, manifiesta valentía hablando de sus emociones y traspasa el miedo al revelar nombres.

Con estas premisas de humildad, valentía y no miedo me atrevo a contar mi historia.

Me evoco a los 18 años cuando un hecho puntual interfirió en la dirección de mi rumbo profesional.

Durante 30 años he intentado encontrar un por qué de aquella experiencia y ha sido finalmente en este libro donde he comprendido, se ha expandido la conciencia y he visto claro.

Fue a finales de COU donde tuve el privilegio de contar con profesores brillantes con vocación y profesionalidad. Todos, excepto uno. Este se llamaba Martell, de quien no dudo de su elevado coeficiente intelectual de ingeniero. Todo rígido, todo metódico, todo bajo el control de normas y fórmulas fundamentalistas, dogmatico e inamovible. Así son los defensores de las ciencias exactas. Este hombre topó con una alumna de mente líquida que se adaptó al recipiente, ahogando su revolución interior.

Recuerdo su peligrosa sonrisa antes de los exámenes camuflada por lo bajini, recuerdo su tono irónico, recuerdo su frialdad. Como me recuerda a Dragan quien con su crueldad favoreció un paso importante en la evolución del equipo de waterpolo!

Él fue verdaderamente el martillo que golpeó mi vida.

Por aquel entonces se me habían cruzado las neuronas con las mates. Debo reconocer que la base matemática que llevaba de la escuela anterior tenía mucho que desear. Tampoco encontré en Martell razones para amar a esta materia. Los suspensos en esta asignatura eran una lacra en mi expediente de notables.

Por aquel entonces y desde mi infancia me había movido por el sueño de ser médico. Disfrutaba jugando a médicos y enfermeras, deseaba aportar mi grano de arena para dar bienestar.

Este hombre puso una pared de hierro a mis anhelos.

Él decidió suspenderme. Él decidió que yo debía pasar un año de mi vida estudiantil tan solo dedicada a aprobar matemáticas. Adoro a los números pero hay algo de guerrera en mi interior que se pelea con las fórmulas. Por aquel entonces ya había construido mi armadura de hierro.

Así que este episodio me golpeó. El martillo picó fuerte y rebotó. Nunca más quiso saber de mí. Picar hierro frio nos debió aleccionar a los dos.

Durante todo aquel año busqué una explicación, una razón para comprender qué valor podían tener las matemáticas para un pediatra.

Estuve buscando en la pregunta errónea. Debí buscar en la razón para que alguien pudiera tener el poder de decidir mi futuro. Esta falta de visión me llevó a desestimar mi sueño y permití que un “Martell” frio y rígido decidiera por mí.

Hoy, después de la lectura de un libro con alma he encontrado la luz para ver cómo funciona el sistema. Agradezco todas las circunstancias vividas. Son experiencias que me han forjado. El martillo duro e implacable que me golpeó un día hizo que el herrero se compadeciera de mí. La vida me ha ofrecido calor y me ha ido trabajando sutilmente para transformar a una desustanciada barra de hierro en un elemento de utilidad para la sociedad. Muchos maestros han venido detrás, delante y al lado, empujando, puliendo, corrigiendo y potenciando. Todo valió la pena!

He podido comprender el síndrome del que infravalora a los demás (detallado por Lillian Grass en el libro “Sé lo que estas pensando”). Es la persona insegura la que necesita infravalorar a los demás para crecer ella. Necesita tener el poder y el control para sentirse bien. Si mi yugo ha servido para que este profesor se sienta mejor, ya me doy por satisfecha. Si él está bien, menos alumnos pasaran por mi experiencia y esto habrá valido la pena.

Traspaso aquí mi aprendizaje, fruto de la lectura de “Todos mis hermanos” por si fuera de utilidad a alguno de vosotros.

Me libero de mi espina dando respuesta a una serie de preguntas:

  • ¿Qué aprendí de ello?
  • ¿Quién decide mi futuro?
  • ¿Hacia dónde me dirijo ahora?
  • ¿De qué estoy orgullosa de mí?

Y para concluir tan solo queda por hablar de la vía de salida. Defiendo la capacidad de decidir con ética.

Cuando tropezamos con personas que usan la prepotencia cargada de negatividad, el primer paso es excluir a las que emocionalmente hieren de forma que aturden y paralizan. ¿Cómo hacerlo pacíficamente? Creo que la solución recae en UNIR FUERZAS apartando el miedo que bloquea.

Curiosamente recibí la clave recientemente de un niño que ante un discurso ante la ONU dijo: “Un mosquito no puede con un elefante pero una nube de mosquitos puede hacer que un elefante cambie de dirección”

CONFIO EN EL VALOR DEL EQUIPO QUE TIENE A UN BUEN CAPITAN!

Gracias Manel Estiarte, gracias editorial Plataforma y gracias a todos los mosquitos que despiertan cada día.

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6 respuestas a Manel Estiarte: Un capitán con sonrisas y lágrimas

  1. ROSI dijo:

    Ana, te felicito por tu lucidez y por tu capacidad de saber captar y desvelar emociones dónde la mayoría solo vemos tinieblas. Cada vez que leo tu blog, es como si encendiera una luz de una habitación oscura y abandonada, y descubriese que en ella hay herramientas valiosísimas que nunca me esforcé en aprender a manejar y que pueden resultarme de gran utilidad para sortear con mayor simplicidad los obstáculos que la vida nos depara; 0 para desvelar dudas que parecían insalvables; 0 para querer más a los demás y a mi misma; 0 para aprender a separar lo importante de lo superfluo… Tu afecto para con los demás, tu lucha sincera y generosa para lograr un mundo mejor me contagian. Y tu blog me alienta y despierta en mí la ilusión de que, como un mosquito más, sumando fuerzas, lo imposible puede ceder!
    Ana, ya estoy ansiosa por iluminar otra habitación olvidada! No dejes de escribir en tu blog! Gracias Mosquito!

    • anabosch dijo:

      Gracias Rosa,
      Hemos crecido juntas y me has dado muchas veces la mano. He aprendido mucho de amor a la vida, a tu lado. Sé que eres maravillosa.
      Agradezco que me sigas picando para escribir y te recuerdo que prometiste editar tu libro de cocina… Somos de la misma escuela ¡!

  2. Rosa dijo:

    Ana,

    Me he sentido tan identificada…. sabes yo también quería ser médico, pero en selectividad no saque la nota, para poder acceder, me fui a económicas.

    Estuve furiosa mucho tiempo, porque pense lo mismo….” Debí buscar en la razón para que alguien pudiera tener el poder de decidir mi futuro. Esta falta de visión me llevó a desestimar mi sueño y permití que un “Martell” frio y rígido decidiera por mí”

    Has transmitido también el mensaje, no dejes de escribir nunca en tu blog, Ana, transmites tus vivencias desde el amor y el respeto, y dando los valores necesarios para esta humanidad, aún todavía, dormida.

    Ana, preciosa: Salta, salta sin miedo porque te espera un gran futuro!!

    Con amor

    Rosa

  3. Marta Gabasa Borrell dijo:

    Creo que Rosi te conoce muy bien y que acierta en todas sus apreciaciones y comentarios sobre tu figura, Ana. No pierdas la energía para seguir cn tu blog, por favor, sigue.
    Rosi, yo quiero ver ese libro de cocina terminado !

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